Siglos XVIII y XIX
En 1701 está documentada la primera procesión del Cristo, a raíz del hallazgo milagroso de su talla en una casa de la "Costera de l'Advocat". Por otra parte, en 1756 se concreta el origen de la romería del "Potito" que desde entonces se celebra el lunes de Pascua. El siglo XIX se inicia en l'Alcora con un alzamiento popular, el 25 de septiembre de 1801, conocido como "Revolta dels Caragols" por ser convocadas las reuniones de los subversivos a toque de caracola. La causa de la revuelta fue la negativa del campesinado a pagar el diezmo de algarrobas al Duque de Hijar, no reconociendo como señor de la villa más que al rey. Su cabecilla fue Francisco Gaseó, labrador acomodado, que actuó junto a "otros más pudientes y de mayor representación en el concepto del público". Con posterioridad, los conflictos bélicos de esta agitada centuria tendrán también sus repercusiones a nivel local. Entre 1811 y 1813, durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas saquean l'Alcora, especialmente los templos, y reprimen la resistencia contra su invasión. Asi, en febrero de 1813 es ahorcado en la plaza principal D. José Sans, secretario del Ayuntamiento, por su activo apoyo a la lucha contra el francés. Tras la Guerra de la Independencia, en 1818, el Duque de Híjar cede sus derechos señoriales a la Corona. Las Guerras Carlistas tendrán en l'Alcora episodios destacados, como el acaecido el 21 de marzo de 1838 en Sant Cristóbal entre las tropas del general isabelino Borso di Carminati y del rebelde carlista Cabrera, el tigre del Maestrazgo, que mantuvo la posición contando tan solo con una pieza de artillería. En 1874 y 1875, durante la Tercera Guerra Carlista, la montaña de San Cristóbal también será escenario de notables hechos de armas. En otro orden de cosas, el siglo XIX también es especialmente virulento en cuanto a catástrofes naturales (epidemias y siniestros meteorológicos). Fruto de todo ello es la evolución demográfica de esta centuria, marcadamente ascendente hasta 1845 (año en que se alcanzan los 5.609 habitantes, cifra sólo superada a partir del desarrollo industrial de la década de 1960), y negativa hasta 1887 (3.820 habitantes). Al entrar el nuevo siglo, l'Alcora contaba ya con 4.551 almas.
Dejando al margen, por su particular significado en la historia de l'Alcora, el nacimiento, desarrollo, declive y cierre de la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda, que será tratada en capitulo aparte, el siglo XVIII conlleva el origen de dos tradiciones fuertemente arraigadas en 'Alcora, exponente máximo de la religiosidad tradicional y, en la .actualidad, de los ciclos festivos de primavera (Semana Santa-Pascua) y verano (Fiestas del Cristo).


















