Museo de Cerámica

HACIA UN NUEVO MUSEO DE CERÁMICA


Desde su inauguración en 1994, el Museo de Cerámica de l’Alcora ha ido trazando una trayectoria firme en la que se han combinado el crecimiento de los fondos museográficos y la consolidación de una programación cada vez más intensa, variada y participativa. Así, en estos años se han reunido unas colecciones muy destacadas que continúan creciendo y que sitúan a nuestro Museo en primera línea entre los museos españoles de cerámica.
Por otra parte, la actividad expositiva, didáctica y promocional del Museo ha crecido también de manera exponencial, ya sea consolidando iniciativas anteriores, ya sea ofertando nuevas propuestas dinamizadoras en torno al mundo de la cerámica artística y artesanal. Como se describe en este folleto, rutas y visitas guiadas, actividades didácticas, el Concurso Internacional de Cerámica o la Feria de Cerámica “Artalcora” son algunos de los proyectos que el Museo de l’Alcora lleva a cabo con gran aceptación pública.


Las colecciones y las actividades dispondrán en breve de unas nuevas instalaciones que permitirán gestionar y exponer los fondos en condiciones óptimas, y atender a los usuarios del Museo de manera apropiada.


El nuevo Museo constará de un cuerpo de nueva planta adosado al edificio preexistente y comunicado con él, y un tercer espacio trasero en el que se ubicarán parte de los almacenes del Museo. El proyecto es obra de los arquitectos Rafael Culla Bayarri e Ignacio Carbó del Moral y se ha regido por las premisas de funcionalidad, integración en el entorno urbano y respeto a los edificios de interés patrimonial colindantes, como la casona del antiguo Museo (de 1907) y la iglesia de la Sangre (siglo XVII).


El futuro Museo de Cerámica de l’Alcora destinará más de 800 m2 a salas de exposición en grandes espacios diáfanos intercomunicados que ocuparán las plantas 1 y 2. Además, contará también con un amplio espacio para recepción e información turística (85 m2), despachos, sala de reuniones, almacén y dependencias para el departamento de didáctica, con 200 m2, que incluirá taller de cerámica, horno y aula de proyecciones, especialmente diseñadas para atender a los numerosos grupos escolares que prácticamente todos los días lectivos del curso participan en las actividades didácticas desde 2003-2004.


Las nuevas instalaciones suponen un acicate para el Museo. Mejorará la atención a los visitantes, las condiciones expositivas y de almacenamiento de los fondos museográficos, las tareas internas del Museo, la infraestructura para actividades didácticas... En resumen, el nuevo Museo de Cerámica de l’Alcora dispondrá de unos modernos espacios acordes con las necesidades de un servicio público del siglo XXI, porque un museo es, ante todo, un servicio público dedicado a una parte determinada del patrimonio cultural de una sociedad.


Inmejorables perspectivas a corto plazo para un Museo que a lo largo de los años ha sabido generar una trepidante e intensa labor en pro del conocimiento, conservación y divulgación de la cerámica.


Las colecciones del Museo.

Cerámica de l’Alcora. Es el tronco principal de los fondos del Museo y sin lugar a dudas la colección más conocida de nuestra institución. Comprende la producción de la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda y de los talleres y ceramistas que surgieron a su sombra y que han continuado la tradición cerámica de l’Alcora hasta nuestros días. Esta colección contiene actualmente más de 350 obras.


Ceràmica Contemporánea. Surgida a partir de la convocatoria del Concurso Internacional de Cerámica, que se celebra anualmente desde 1981, cuenta en la actualidad con más de 160 piezas que ofrecen una valiosa visión de la cerámica artística actual.


Alfarería. En 2002 cerró la última cantarería en activo en l’Alcora, la de los hermanos Nomdedéu Medina, poniendo fin a una saga de 7 generaciones de alfareros. Antonio Nomdedéu donó al Museo todo el utillaje, materiales, herramientas… del taller (incluido un torno de mediados del siglo XIX); previamente el Museo había adquirido todo el repertorio de piezas elaboradas en la alfarería durante las últimas décadasl reuniendo así un conjunto de más de 100 piezas que fueron objeto de una exposición homenaje y de un catálogo en 2003, y que tendrán un lugar especial en la configuración de las salas de exposición del nuevo Museo.


Lápidas cerámicas del siglo XIX. Se trata de un completo y curioso conjunto de casi 130 laudas sepulcrales datadas entre 1818 y 1893, todas ellas de cerámica esmaltada, recuperadas a finales de la década de 1970 del cementerio municipal y custodiadas desde 1994 en el Museo de Cerámica. En 1997 fueron motivo de una exposición temporal que suscitó gran interés y curiosidad entre el público.


Legado de Vicente Mallol Moliner. Polifacético artista local especializado en cerámica, cristal y esmaltes, que donó gran parte de su ingente obra (más de 2.500 piezas) al pueblo de l’Alcora en 2002. Destacan sobre todo las cerámicas torneadas y esmaltadas siguiendo los modelos de Llorens Artigas, de quien Mallol Moliner fue alumnos en la Escola de la Massana de Barcelona. En 2002 també fue objeto de una exposición de presentación pública en el Museo, y desde 2003 hasta 2007 se ha expuesto en la sede de la iglesia de la Sangre, hasta su cierre por problemas de desprendimientos. El nuevo Museo contará igualmente con una selección de tan extensa obra.


Otras colecciones: arqueología, cerámica de aplicación arquitectónica, etnología cerámica, etc


LA CERÁMICA DE L’ALCORA



L’Alcora posee una tradición cerámica que se remonta, al menos, al siglo XVI. En esta época está documentada la existencia de un notable grupo de cantareros que explotaban las ricas minas de arcilla del término municipal y surtían con sus productos a los mercados del entorno.


Precisamente la presencia de este consolidado sector alfarero en nuestra localidad fue uno de los motivos que impulsó al IX Conde de Aranda a fundar en 1727 su Real Fábrica de Loza y Porcelana, cuya producción está considerada como uno de los hitos de la historia de la cerámica española. Numerosos museos y colecciones particulares de todo el mundo custodian, como verdaderos tesoros, auténticas joyas cerámicas surgidas de la manufactura condal.


La Real Fábrica, ubicada en el antiguo arrabal de Sant Francesc (hoy avenida de Castellón), está ocupada actualmente por vetustas instalaciones fabriles abandonadas (Tilesa y BIC), pero todavía conserva importantes vestigios de su esplendoroso pasado, como parte de la fachada principal, de las primitivas salas de trabajo y, sobre todo, de los imponentes hornos morunos en los que barro y esmaltes se convirtieron en obras de arte. Un patrimonio único que debe protegerse para deleite de todos.
Entre los muchos secretos de la larga pervivencia de la Real Fábrica (más de 100 años en manos de los Aranda-Híjar, y otros tantos bajo tutela de diversas familias de industriales), está su adaptación a los gustos imperantes en cada época, lo cual se tradujo en infinidad de objetos, formas y decoraciones, pero siempre con la calidad técnica y artística como marca de fábrica. De entre los estilos más característicos del siglo XVIII y principios del siglo XIX podemos destacar:

Berain


Decoración aportada por los primeros maestros franceses encargados de poner en marcha la fábrica. Se caracteriza por las puntillas azules combinadas en ocasiones con bustos, cariátides, estandartes, esfinges, etc. Las similitudes con otros centros europeos genera dudas respecto a la atribución de algunas piezas.


Chinerías


Es una de las decoraciones más características de l’Alcora, que elaboró multitud de variantes en las que se representan aves zancudas, animales fantásticos, personajes reales o extravagantes, etc… Se completa la decoración con ramos florales e insectos revoloteando a su alrededor. Se suele aplicar tanto en policromia como en un claroscuro azul muy exquisito.


Placas ornamentales.


Sin duda, es el formato en que se constata con mayor nitidez la calidad artística de los maestros de la Real Fábrica. Son exponentes excelsos de la pintura figurativa sobre soporte cerámico. En l’Alcora se elaboraron de diversa tipología (ovales, rectangulares, ochavadas...), con o sin marco, y con temática igualmente variada: mitológica, alegórica, religiosa, histórica, etc. Las placas del Via Crucis de l’Alcora, de las que el Museo custodia 4 ejemplares en depósito, se encuentran entre las más bellas placas ornamentales elaboradas en la Real Fábrica.


El estilo Álbaro


Toma su nombre de Vicente Álbaro Ferrando, uno de los máximos artífices locales de la Real Fábrica. Aunque presenta múltiples variantes, el motivo básico suele ser un edificio sobre rocallas y flanqueado por árboles y grupos florales. Suele combinarse con elementos acuáticos como puentes, ríos, cascadas, fuentes, etc y en ocasiones un sol radiante que culmina estos idealizados paisajes.


Fauna de l’Alcora.


El gusto por crear objetos zoomorfos con distintos usos (salseras, soperas, mancerinas, pisapapeles, vinagreras, especieros, cajitas o, simplemente, objetos ornamentales) no es invención de l’Alcora, sino francesa. En la manufactura condal se elaborarán así perros, lagartos, carneros, palomas, gallos y gallinas, patos, cisnes, leones, perdices, ranas, etc.


Escultura.


Aunque menos conocida que las vajillas o las placas ornamentales, la producción escultórica de l’Alcora es muy abundante y de gran refinamiento. Se elaboraron grandes grupos escultóricos de temática mitológica (el Toro Farnesio es uno de los más afamados), parejas de bustos (ancianos, jóvenes o negros), candelabros sostenidos por lacayos o por monos, luchas de animales, series de 4 alegorías (los cuatro elementos, las cuatro partes del mundo, las cuatro estaciones…) todo un elenco de pequeñas figuritas costumbristas, y también bustos del X Conde de Aranda.


Las flores alemanas y el reflejo dorado.


Estilos asociados al neoclasicismo y aplicados casi en exclusiva sobre porcelana. Suponen cierto viraje en la producción de l’Alcora a finales del siglo XVIII, y preludian los gustos menos recargados de la nueva centuria.
Las flores alemanas, como su nombre indica, son de origen centroeuropeo y entran de lleno en el gusto imperante en la época con delicados ramos florales en tonos morados, verdes, amarillos y, sobre todo, un peculiar rojo encarnado con el que se perfilan los bordes y pies de las piezas.
En reflejo dorado, por su parte, se aplican decoraciones estilizadas, pequeños grupos florales, cenefas y motivos geométricos de una tonalidad amarilla muy característica.





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