Cerámica
La industria azulejera es la principal actividad productiva de l'Alcora y uno de los motores de la economía provincial.
La pujanza del sector cerámico tiene, entre otras muchas claves, una tradición histórica de casi tres siglos marcados por la calidad, la creatividad y la innovación tecnológica.
En efecto, el origen remoto de la industria cerámica castellonense cabe buscarlo en la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda, fundada en I'Alcora por el noble aragonés, considerada por muchos como una manufactura adelantada a su tiempo por sus sistemas de producción y comercialización.
Los primeros estilos ornamentales serán de clara influencia gala, resultando difícil distinguir algunas piezas alcorinas de otras de Moustiers. Pertenecen a estos primeros años modelos decorativos como el Bérain, caracterizado por el predominio del azul y la decoración de las alas y los bordes de las piezas con finísimas puntillas; el Olerys, que toma su nombre del primer director de la manufactura, definido por ramos y guirnaldas de pequeñas flores y hojarasca; y el Chinesco o Grotesco, en el que se representan personajes extravagantes y animales quiméricos entre motivos vegetales de procedencia oriental.
La Real Fábrica de l'Alcora inicia su producción el 1 de mayo de 1727 bajo la dirección de maestros franceses contratados expresamente por el Conde de Aranda.
Entre los géneros ornamentales de este período cabe mencionar la Rocalla, caracterizada por la asimetría, las curvas y contracurvas y motivos derivados del caracol marino; el estilo Álvaro, ideado por el artista local Vicente Álvaro Ferrando, que añade a la rocalla elementos arquitectónicos y un sol radiante; las series populares (Ramito y Cacharrero), inmortalizadas por Goya en su lienzo "El Cacharrero" (del cual toma su nombre uno de estos estilos), destinadas a su comercialización en mercados ambulantes; la Fauna de l'Alcora, consistente en soperas, salseras, pisapapeles, vinagreras, etc., con forma de carnero, galgo, lagarto, león, perdiz, paloma... , y una larga lista de decoraciones, usos y formas. Durante el siglo XIX se observa una progresiva decadencia de la manufactura condal. Todavía durante en las primeras décadas surgen nuevos estilos caracterizados por la sencillez decorativa y la simplicidad de líneas, dentro del gusto neoclásico imperante. Pero la producción en poco o nada recuerda a la exquisitez alcanzada durante la centuria precedente. Podemos señalar, hacia el cambio del siglo XVIII al XIX, los estilos denominados Flores Alemanas, con perfilado encamado y un ramillete naturalista del cual sobresale una rosa, el Reflejo Dorado, de larga pervivencia durante el diecinueve, o la estampación calcográfica, innovación decorativa aportada por operarios huidos de la Real Fábrica del Buen Retiro de Madrid durante la Guerra de la Independencia.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII se asiste a una gran proliferación de estilos ornamentales y un no menos notable incremento del repertorio formal. La producción abandona también el estricto gusto francés para adquirir personalidad propia. Este cambio se debe a dos factores: por una parte, la llegada a los cargos de dirección técnica y artística de la Real Fábrica de maestros autóctonos, surgidos de la Academia de Aprendices, en funcionamiento desde el momento mismo de la creación de la manufactura; y en segundo lugar, a la firme voluntad del nuevo propietario, D. Pedro Pablo, X Conde de Aranda, destacado político, militar y diplomático que impulsará la factoría fundada por su padre y se dedicará con denuedo a la fabricación de porcelana, verdadera obsesión de la aristocracia europea, sin llegar a alcanzar su propósito.
La Real Fábrica se mantuvo en activo hasta poco antes de la Guerra Civil de 1936-39. Su pervivencia hasta entonces y el surgimiento de pequeñas fábricas tras el conflicto bélico posibilitaron el nacimiento de una nueva generación de ceramistas que han sabido mantener y transmitir hasta nuestros días las singularidades de la cerámica de l'Alcora. En la actualidad, la empresa La Muy Noble y Artística Cerámica de Alcora, S.A. (fundada en 1976 por José Cotanda Aguilella) y numerosos ceramistas particulares mantienen viva la fidelidad a una tradición que se remonta casi tres siglos. Mención aparte merece la azulejería de la Real Fábrica, espléndidamente representada en el Museo de Cerámica por la "Alegoría de la Fama", pavimento de 4 m2 datado hacia 1790-1800 y que representa la figura alegórica de la Fama sentada sobre el globo celeste y acompañada por tres putti o amorcillos que sostienen una guirnalda de flores y cintas. Esta excepcional solería nos indica la elevada calidad estética y los profundos conocimientos tecnológicos que alcanzó la Real Fábrica a finales del siglo XVIII. Desde su instalación en el Museo en 1998 se ha convertido en uno de los principales puntos de atracción de nuestras colecciones.
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